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Editorial

Oír lo que somos: Una reflexión sobre nuestro patrimonio inmaterial

Desde siempre los sonidos han funcionado -para todos los seres vivos y en particular para el hombre- como elementos de vinculación, diferencia, armonía o caos; dotando a cada realidad de su propia identidad y brindándole a sus integrantes una red singular de significados derivada de los sonidos característicos de los elementos que la componen; de esta forma un ave puede saber cuál es su bandada o un hombre su nacionalidad. Es en esta relación donde se amalgaman ruidos «útiles» y «residuales» para permitir la existencia de lo que denominamos “conciencia de pertenencia”, que utiliza como argumento y razón de ser la interpretación compartida que las personas hacen de un determinado lugar o acontecimiento; ese algo llamado patrimonio inmaterial.

En este contexto vale preguntarnos ¿qué tan conscientes somos respecto de cómo nos relacionamos con nuestro entorno sonoro? Si nos preguntamos -por ejemplo- ¿qué sitio de nuestra región recomendaríamos para visitar? lo más cierto sería que mientras estuviésemos enumerando los lugares, en nuestra cabeza asomarían imágenes instantáneas, como una postal del sitio que no permite segundas interpretaciones. Es en este arbitrario dinamismo, subyugado en primera instancia a lo visual, donde Soundscape: Valorizando el Paisaje Sonoro de Atacama busca hacer que las sonoridades se vuelvan parte del imaginario social; dicho esto es preciso recobrar y reivindicar la importancia del sonido en el día a día, a nivel íntimo y en las articulaciones sociales en torno al espectro sonoro de los paisajes.

En esta línea y de acuerdo a la perspectiva del compositor canadiense y pionero en lo que respecta a paisaje sonoro, Murray Schafer, resulta urgente iniciar una discusión acerca de la relación que mantienen las personas y las sociedades con su entorno sonoro. El problema radica en que no disponemos de métodos adecuados para medir estas situaciones, salvo las herramientas desarrolladas para evaluar ciertos efectos negativos del ruido como la contaminación acústica; por eso el principal pendiente es definir exactamente el valor percibido por una comunidad respecto de su entorno sonoro y cómo éste influye en su calidad de vida, razón por la cual el rescate, registro y difusión constituyen variables determinantes para el inicio del trabajo que significa entender la influencia del sonido en el desarrollo de nuestras vidas.

micrófono Neumann KU100

En suma, tenemos claro que registrar y difundir nuestros paisajes sonoros ayudará a identificar, reconocer y valorar nuestro patrimonio inmaterial; además la elaboración del primer mapa sonoro de Atacama permitirá saber cuáles son los atributos de representatividad que emanan de dichos paisajes, facilitando el entendimiento acerca de cómo comprendemos y nos relacionamos con nuestro entorno audible; sin olvidar que será insumo futuro de consulta para ámbitos tan dispares como la investigación científica, educación, estudios culturales o turismo y -por qué no- el primer paso para adentrarnos al mundo de la etnografía, estudiando y comparando las transformaciones de nuestras costumbres, fiestas y tradiciones, así como la trayectoria sonora de los parajes naturales a lo largo del tiempo. Una pequeña detención en el espacio y en el devenir de los tiempos para oír lo que somos.

Mauro Lamas | Director proyecto “Soundscape: Valorizando el Paisaje Sonoro de Atacama”

MAPA SONORO

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